Recordar es vivir
Por: Jaime Torres Arciniegas
Una de las principales virtudes del ser humano es recordar las cosas que pasaron en su infancia y su juventud. Se recuerda por allá de los años 1954-1955 la totalidad de las calles chucureñas completamente empedradas. Tenían estilo colonial donde cada habitante cuidaba de su frente. Con machete en mano limpiaba las hendijas de los pegues de cada piedra para una mejor presentación; los días sábado y domingo era el festín ver bajar desde Angosturas el ganado con rejos rumbo al matadero. La gente corría para no dejarse cornear, "pagaba escondederos a peso" como se decía en esa oportunidad. En las esquinas habían postes de madera para frenar la veloz carrera del brioso animal; al llegar al parque principal el toro, todo asustado y botando babaza, se desbocaba hacia los toldos y se formaba la “tumbason” de toldos con los productos que los comerciantes expendían. Una vez dominado se procedía a conducirlo hasta el matadero ubicado en el barrio Comuneros o La Pesa.
Pasando a otro tema recuerdo que en el barrio Chapinero existió una escuela urbana de varones cuyas profesoras se llamaban Herminia Diaz, Erminda Prada y Adela Zárate, regias y templadas y sin compasión para dar regla al alumno que molestara en el salón. Qué drasticidad para castigar en ese entonces en comparación con hoy día. Los castigos consistían en copiar un sinnúmero de veces - Debo manejarme bien en el salón-. Otros, cuando era demasiado cansón, arrodillado al rayo del sol por media hora, no sin antes colocarle ladrillos, un ladrillo en cada mano y de ñapa dos reglazos . A la salida para la casa, nos formaban por barrios y con uno que hablara antes de salir, a esa fila la dejaban de última. Nombraban un alumno el mejor del salón y era el encargado de imponer el orden en la calle y quien se portara mal quedaba anotado para el otro día informarle a la maestra y que ella le impusiera el castigo merecido.
Qué duro! Tocaba estudiar de lunes a sábado, para pasar de un año a otro. Los exámenes eran orales y escritos, los primeros con la presencia de los papas, el cura párroco y el personero. Las reuniones de padres de familia eran los sábados por la tarde, es decir no se perdía ni un día de clase en la semana. Los domingos era obligatorio ir a misa y como tarea tocaba hacer un resumen de lo que decía el cura en el sermón. la presentación era impecable: uniforme completamente blanco, corbata negra y zapatos negros.
Donde hoy funciona la escuela El Bosque, era el Cuartel, allí se le llamaba el Patio Tenis. El Puesto de Policía funcionaba donde hoy es Telecom. Ninguna persona podía pasar por la acera porque lo entraban a la fuerza a lavar baños; una vez realizada esta labor lo dejaban libre. La primera comunión era un caso especial; quien la iba a hacer tenía que prepararse con ocho días de anticipación. El cura regalaba a todos los niños "tronco de desayuno en la Casa Cural". !Hoy día no se ve eso!
Recuerdo inolvidable el Atrio de la Iglesia, era en forma circular y de estilo colonial. En ese entonces el párroco que había lo mando tumbar, debido a que fue convertido en sanitario público los días sábado y domingo y los olores eran insoportables. El hospital fue una casona vieja de tapia, poseía una capilla arquitectonica colonial que con el tiempo fue derrumbado por un temblor que ocurrió en el año l.968.
Junto al hospital funcionaba una hermosa capilla, donde las Hermanas de la Caridad en ese entonces llevaban a los enfermos más recuperados para dar gracias a Dios por las recuperaciones en la salud; recuerdo que la entrada de enfermos era por la carrera 11. Al lado funcionaba la oficina de la Sindicatura, cuyo síndico era el señor Carlos Ardila Navas, y el portero del Centro Asistencial don Tito Ariolfo Aranda.
En el año de l.963 trabajé como secretario en la Sindicatura del hospital con don Carlos Ardila Navas y la jefe de enfermeras era la hermana Luisa Alfonso, persona que se ganó el cariño de los chucureños porque fue muy especial con la humanidad y sobre todo con los enfermos. De ese entonces recuerdo enfermeras como Emérita Prada, Leonor Rojas, Disemina Duarte , Ángela Quezada, Marina Rodríguez.
Artículo publicado en El Yariguí N.21; Enero - Febrero de 2015, página 7
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