"El Chato" Elí Acevedo

Artículo publicado en El Yariguí Nº26 - Marzo 2018 - Página 5
Por: Jaime Ardila Gómez

Son varias las ocasiones que hemos compartido algunas notas con una de los chucureños más queridos por su cordialidad y simpatía, reconocido como el embajador de San Vicente en la capital del país, siempre atento para atender y saludar al paisano o paisana, enterarlo de las últimas novedades en el pueblo, contarle alguna historia de un personaje, saber cómo marcha la política, qué hay de sus viejos amigos, …. el conocido Chato Helí cumplió 85 abriles el pasado 7 de enero y no deja de visitar su terruño varias veces en el año, costumbre que tiene desde que se radicó en Bogotá a finales de la década del cincuenta.
En esta oportunidad sentado en un cómodo comedor del tradicional Hotel Real, Helí contó detalles de su vida familiar, artística y laboral, aprovechando su tradicional visita decembrina en casa de su amigo Hernando Hernández, y caminar por el parque con la ayuda de un bastón, su nuevo compañero de calle y correrías.
Recordar es vivir
Le contaba su mamá Justina Acevedo Plata que él vino a este mundo en una casita abajo del café Chucho Niño, hoy un almacén de fotografía, de su relación con su padre José Vicente Sarmiento, conocido como el “Chato” Vicente.  Ya había nacido su medio hermano Félix Vicente Carreño Acevedo, hijo de Vicente Carreño, primer esposo de su mamá que se perdió del pueblo luego de haber participado en el intento de asonada bolchevique en 1928.  Su papá tuvo después otra señora y nació su media hermana Carmen Cecilia Sarmiento.
Su mamá lo bautizó Helí porque el cura Helí Herrera le sugirió, pero se le olvidó darle el apellido paterno; sólo quedó con el Acevedo. Su papá era betuliano y fue gran intérprete de los instrumentos de cuerda: tiple. guitarra, bandola, requinto y violín. Tocó con Camilo Martínez, padre de los hermanos Martínez, quien trabajaba como supervisor en el campamento de Holanda con los carreterianos. Vivía de serenatas y vender instrumentos musicales. Sus amigos músicos fueron entre otros, Tito Ruíz, “Muñeco, Joaquín Plata con la bandola y Pedro Torres, esposo de Julia Serrano, hermana de Maruja la esposa de Roberto Gómez, administrador de la compra de café y cacao de los Ardila García en la esquina del parque (hoy restaurante California). Murió en Bogotá en 1966 víctima de un tumor canceroso.
Cuando se criaba con su mamá, Helí alcanzó a ir a la escuela con Pedro Quecho en el barrio El Bosque; recuerda a su maestra de primero la señorita Trina, en segundo a Leonidas Pirco y en tercero al “sapo” Norberto Herrera, hermano del cura. Estuvo seis meses en la Complementaria que funcionaba en la casona de La Pola; fueron sus profesores Alirio Hernández Cavanzo en la teoría y Norberto Prada en carpintería; otros profesores eran el “sapo” Vicente en peluquería y su hermano en sastrería.
En las vacaciones de julio de 1945 viajó por primera vez a Bogotá donde un tío, medio hermano de su papá. Como sólo tenía doce años lo llevó doña Maruja de Ardila, en compañía de su hija Maruja que iba a estudiar enfermería. El viaje se hacía en dos días: San Vicente, Zapatoca, El Socorro, Al día siguiente a Barbosa donde se continuaba en tren hasta Bogotá. “Recuerdo que hacía ¡25 paradas!” Permaneció un tiempo haciendo mandados y ayudando en carpintería, y luego se regresó al pueblo. "¡Comenzó un ir y venir!" Recuerda que el 9 de abril de 1948 estaba en San Vicente (mataron tres liberales) y el 27 de noviembre de 1949 estaba en Bogotá.
En alguna ocasión con su hermano Félix traían cargas de café en mulas de la hacienda San Pedro a la compra de los Ardila García, propietarios de la hacienda. Hacían dos viajes al día arriando diez mulas. También le trabajaron a don Pacho Forero trayendo los productos de la finca de los padres de Domingo Cárdenas Hernández en la vereda Llana Fría. 
Fue mandadero del Almacenes Lux de propiedad de Abelardo Serrano, padre del senador Hugo Serrano Gómez. Lo administraba Carlos Plata “aguasal”; también tenían almacén en Zapatoca, administrado por Roque Acevedo “Roquino”, y en Barrancabermeja. “Eran almacenes de lujo bien surtidos y con muy buena mercancía. ¡San Vicente en vez de progresar va para atrás!”.
Recuerda la fábrica de gaseosas donde hoy es El Tivolí, de propiedad de Luis Felipe Ardila y el empacador era Pacho Silva. La fábrica de jabón de Luis Jesús Nieto en la esquina frente a la tienda El Tiburón hoy día. Una de sus hijas fue reina de belleza y sus hijos buenos basquetbolistas y músicos. Elí tocaba el violín y cuando la visita del presidente Eduardo Santos inaugurando el puente El Tablazo, interpretó tan bien el himno nacional que el presidente le regaló cinco pesos. "¡Eso era mucha plata!"
Cuando fue alcalde el teniente Tulio Ernest Pérez, trasladó la zona de tolerancia abajo del matadero municipal en el barrio La Pesa, hoy Comuneros.
Se caso en 1955 con Libia Velásquez, hija de Salvador Velásquez y Lucila Sánchez. “Me acuso de todos los pecados menos de robar y matar!” le dijo al padre Ciro Alfonso Gómez en la confesión antes de casarlos. Se radicó en Bogotá, pero se regresó a los dos años porque le salía trabajo en carpintería y con la música. Era un buen interprete del clarinete y ya daba serenatas con su papá y amigos de farra como Hildebrando León.  Aquí nació Gladys, su primera hija. En el año 1959 se volvió nuevamente para la capital donde nacieron Alix, Elí, Julio, Doris y Rubén Darío.
La música
Antes de casarse ya interpretaba el clarinete acompañando a los amigos de la banda municipal y a su papá en serenatas y tocatas. Integró la banda municipal con Tito Ruíz, Rafael Encino, Luis Lozada, Mario Pradilla gran trompetista y el mismo Hildebrando. Aprendió en Bogotá a tocar el saxofón e hizo parte de la Fanfarria de la Policía Militar bajo la dirección del maestro Oriol Rangel y fundada por el general Matallana, que había sido teniente en San Vicente. También tuvo como director de la banda al maestro Solón Garcés. Tuvo una papayera e hizo parte de la orquesta Los Diatónicos.
Personas admirables
Admiró mucho a don Miguel Serrano fundador del Club Yarima y la arrocera al lado del puente sobre la quebrada Las Cruces. Con su señora Noema Gómez tuvo tres hijas y un hijo médico, el doctor Miguel Serrano Gómez. La gente le gustaba trabajar con él porque les pagaba cesantías, que era un ahorro del salario mensual. Le gustaba mucho la música y cuando organizaba reuniones sociales, los primeros que atendía con buena comida y dormida era a los músicos.
También admiró a José Gómez Quijano fundador del almacén NOGO. Se había criado en la finca El Cedral, cerca de La Germania, y vivieron en la casa de los antiguos teléfonos, hoy sede de la policía con sus hermanos Gerardo, Olinto, Ramiro y hermanas. “Al dirigente chucureño no le ha gustado el progreso. No lo dejaron construir la casa de mercado canalizando la quebrada Cantarrana abajo del Puente de Arco. La administraba por veinte años sin pagar impuesto y pasaba luego a ser propiedad del municipio. No quisieron. ¡Increíble!”
Cuenta Helí que una noche se reunía un grupo de ganaderos y comerciantes rajando del viejo porque estaba invirtiendo en el pueblo haciendo edificios. Hernando Acevedo “Mañe” les reclamó diciéndoles que debemos hacerle una estatua para exaltar su apoyo por el desarrollo de San Vicente.
Lo visitaba con frecuencia en su ferretería en Bogotá y lo tenía todo el día preguntando por la gente y el pueblo. Era admirable su memoria.
También recuerda al ingeniero Neper, quien construyó el edificio del Tivolí. Tenía dos hijas muy hermosas y un hijo, vivía arriba de La Pola. El fotógrafo era Copeo. Decía; “Señorita. ¡Yo copeo!
Logros y añoranzas
La vida era más suave y educada, al padrino se le pedía la bendición y le daba dos centavitos; si no lo hacía lo pellizcaban. “En Bogotá fuimos muy unidos, pero hoy pocos colaboran. Solo doña Gabriela de Ramírez trata de organizarnos”
Helí fue un hombre fumador y toma trago, pero un día dijo ¡No más! Desde el 19 de junio de 1967 dejó de beber cualquier producto fermentado y que contenga alcohol. El cigarrillo lo había ya dejado. Ya pasaron cincuenta años. ¡Buen ejemplo!
Es un hombre agradecido con la vida, no tiene ningún resentimiento, es liberal pero nunca le picó el insecto de la política. Considera que la gente es toda buena pero la política los cambia.

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