Ingeniería con visión empresarial

Artículo publicado en El Yariguí Nº26 - Marzo 2018 - Página 8

Javier Antonio González Arenas es un joven emprendedor chucureño que a la edad de 21 años fundó su propia empresa afín a sus dos profesiones como egresado de la Universidad de los Andes de Bogotá: Ingeniero Civil e Ingeniero Ambiental. Después de cinco años su proyecto de vida sigue creciendo, logrando entregarle a su tierra natal dos grandes obras muy bien recibidas por su calidad técnica y su oportunidad acorde a las necesidades del municipio, con el valor agregado de contar con toda la mano de obra chucureña: el Centro de Integración Ciudadana CIC en el Barrio Angosturas y el mejoramiento vial desde el Parque de la Virgen hasta el barrio La Pola. La dirección del periódico dialogó con Javier en su propia casa ubicada en una esquina de la Calle Alta donde residen sus papás Antonio González León y Cecilia Arenas Vargas.

Del bachillerato a la universidad
Cuenta Javier que se hizo bachiller del Colegio Camilo Torres en el año 2007 estudiando en la jornada de la tarde con la coordinación del profesor Hernán Tarazona por quien siente un aprecio mutuo, y los dos últimos años los cursó en la jornada de la mañana. “Mis amigos más cercanos fueron Joan Gómez, hoy abogado, y Héctor Fabio Vélez Camargo”. 
Su buen promedio en el Icfes le permitía ingresar a Ingeniería Civil e Ingeniería Petróleos en la UIS y a Ingeniería Civil en la Universidad de los Andes, pero escogió esta última porque contaba con el apoyo de la familia en Bogotá. Además de graduarse también como Ingeniero Ambiental, hizo una maestría en Gerencia de Proyectos y luego una especialización en Gobierno y Gestión del Desarrollo Territorial de la Universidad Católica.

¿Cómo se hace empresa?
“Eligiendo hacer lo que le gusta y haciendo las cosas bien, trabajando duro y con la visión del negocio” Cuando se graduó como ingeniero viajó a Cambridge, Inglaterra, a perfeccionar su inglés, conoció otras culturas y visionó la proyección de los Andes con el enfoque empresarial. “Regresé convencido de comenzar con mi propia empresa”.  La fundó con dos socios de la universidad, un Civil y un Administrador, pero pronto la compró toda porque ellos se enfocaron en otros temas. GCS Grupo Construcciones Santander es el nombre.
Javier quiso la contratación pública trabajando con entes territoriales, pero le fue difícil iniciar porque se requiere experiencia, apoyo económico y detalles del negocio. “Conté con el apoyo de mis papas, sus consejos y el dinero”. Empezó con proyectos pequeños, aprendiendo, mejorando los procesos de planificación para nuevos proyectos, pero lo descalificaban en propuestas, porque lo público es un concurso abierto y gana quien cumpla todos los requisitos.
En más de doce municipios de Cundinamarca ha venido ejecutando proyectos de vivienda de interés social e interés prioritario: Viviendas Rurales Dispersas, donde los campesinos son los beneficiarios con gran impacto social. También ha llevado a cabo obras en Ragonvalia, Norte de Santander.

¿Cómo se sintió con el proyecto vial La Pola - Parque de la Virgen?
“Fue un reto y un compromiso muy grande, por la importancia y prioridad de la obra. Primero se hace una revisión técnica al proyecto (siempre es lo primero que hago), se contrata la construcción si ya está el diseño listo. En la obra encontramos algunas inconsistencias en el diseño y hubo necesidad de realizar algunos cambios técnicos y solicitar una adición presupuestal como consecuencia de esos cambios técnicos”.
El diseño original fue modificado en su propia oficina de expertos en Bogotá (11 personas especialistas), para ajustarlo a lo requerido. Javier revisa todo lo que se contrata.  La causa del atraso en la entrega de la obra fue la demora en la asignación de recursos de regalías por la Dirección Nacional de Planeación, donde se aprobaban los cambios. El proyecto lo dejó satisfecho porque se cumplió la meta. Otros trabajos suplementarios como la estabilización del talud superior, quedaron para una fase posterior pero no afectan la integridad de la nueva obra.
Javier reconoce que la mano de obra chucureña es muy buena. “He tenido en los meses pico hasta cincuenta paisanos trabajando en los proyectos de Cundinamarca”. Un secreto de su éxito es el trato humano con su gente, desde el celador hasta el administrativo, ser muy cercano a todos y compartir.

¿Qué sigue?
“Es un buen reto hacer obras en San Vicente porque me genera mayor compromiso y la invitación a nuevas licitaciones donde esperamos tener las condiciones para aplicar”.
Como empresa, colaborar a la administración municipal en la estructuración de proyectos para radicarlos en la gobernación, estar atentos para que el municipio sea favorecido. Como profesional mantenerse actualizado haciendo diplomados y seminarios en temas de ingeniería y administración.
Su sueño es participar en la construcción de vías de orden nacional de gran envergadura.
Javier, que el pasado 26 de febrero cumplió 27 años, admira a su papá por su calidad humana, su generosidad, el manejo de los negocios y su relación con la familia. Asegura que su principal hobby es compartir con su familia. San Vicente es una tierra con mucho futuro por el potencial de su gente y la ubicación de sus tierras.
Un ejemplo de emprendimiento es querer hacer las cosas lo mejor posible siempre.  ¡No hacer lo mínimo exigido sino lo máximo posible! Hay que demostrar las ganas de querer salir adelante y no quedarse en la zona de confort o del ocio. ¡Dios tarde o temprano pone esa oportunidad y hay que saberla aprovechar!
Javier se siente orgulloso de trabajar para San Vicente y esta tratando de incursionar en el sector privado en proyectos de vivienda. Es un profesional muy estudioso que quiere saber de todo un poco y le parece interesante la política.


Comentarios

Entradas más populares de este blog

Los amigos de cuatro patas

"El Chato" Elí Acevedo